2.3. Teorías cognitivas de la motivación

Imagen de Francisco Calzado

 Al estudiar la motivación, estas teorías se basan en las causas internas de la conducta e introducen nuevos conceptos como “expectativa” y “atribución”. Nosotros nos centraremos en el análisis de dos teorías cognitivas sobre la motivación, la teoría de la autoeficacia de Bandura y la teoría de la atribución propuesta inicialmente por Heider y Weiner (y refinada en sucesivas formulaciones por diversos investigadores).

Bandura define la “expectativa” como la evaluación subjetiva de la probabilidad de alcanzar una meta concreta. Consiste en poder predecir la probabilidad de que se produzca un acontecimiento o una consecuencia en un conocimiento que depende de la experiencia previa.
Este psicólogo realizó una popular distinción entre “expectativas de eficacia” y “expectativas de resultado”.
La expectativa de eficacia es la convicción que tiene una persona de poder realizar con eficacia una conducta determinada.
Esquema Bandura

La expectativa de resultado implica juicios por parte de la persona sobre si una conducta concreta tendrá un resultado específico. Por ejemplo, una persona tendrá una expectativa de resultado alta si piensa, acerca de su estudio, algo parecido a lo siguiente: “Si estudio tres horas cada día, conseguiré aprobar el examen de matemáticas”.
Veamos algún otro ejemplo: El grado en que un escritor inicia y persiste hasta terminar una obra depende de dos expectativas: de la expectativa de eficacia (considerarse competente para realizar esa tarea) y de la expectativa de resultado (considerar que su novela tendrá repercusiones positivas para sus lectores).
Si tenemos en cuenta ambos tipos de expectativas, comprendernos por qué muchas personas son reticentes a hablar en público, a concertar una cita o participar en una entrevista de trabajo. Realizar estas actividades puede conducir a los resultados deseados, pero uno puede dudar de las habilidades personales para comportarse en esas situaciones de forma eficaz.
Para Bandura, obtener un rendimiento adecuado en una tarea, supone tener los conocimientos y habilidades precisas y requiere que el sujeto posea expectativas de autoeficacia, que son determinantes en la motivación de la conducta humana. Ahora bien, ¿Cómo surgen las expectativas de autoeficacia? Bandura ha identificado los siguientes factores que contribuyen a formar las expectativas de autoeficacia:
  • Experiencia previa: es la que tiene una influencia mayor. Cuando una persona realiza con éxito una actividad aumenta su expectativa de eficacia, sin embargo, los fracasos la disminuyen. Pero hay que tener presente que de los fracasos también se puede aprender.
  • Experiencia vicaria: es el aprendizaje de conductas por la observación de un modelo. Ver a otras personas realizar conductas puede llevar a pensar “si ellos pueden, yo también”. Personas con fobia a los animales pueden superar el miedo observando a otras personas manteniendo contacto con ellos.
  • Persuasión verbal: los entrenadores y terapeutas, padres y profesores, a menudo intentan convencer a otras personas de que pueden realizar una conducta a pesar de la evaluación de ineficacia que hace el propio sujeto.
  • Aconsejar y persuadir a otras personas es animarles a que olviden sus deficiencias o fracasos anteriores y se fijen en sus habilidades potenciales para poder desarrollarlas. Esta tarea será más efectiva si el mensaje no contradice la experiencia directa del sujeto.
  • Estado fisiológico: es otro factor importante. Si estamos nerviosos o fatigados, con ansiedad o miedo, aumentará nuestra vulnerabilidad ante una situación, en cambio, si permanecemos relajados, se incrementará nuestra expectativa de eficacia.
Otras teorías de la motivación postulan que los individuos tienden a satisfacer tres tipos de necesidades sociales: poder (necesidad de controlar el comportamiento etc. los demás), afiliación (sentirnos miembros de algún grupo) y logro (conseguir bienes materiales o de otro tipo). La intensidad de cada una de ellas varía según la persona y sus experiencias sociales y culturales.
Una cuestión importante en el conocimiento del estilo motivacional de las personas es el análisis de sus atribuciones causales, es decir, en la representación que hacen acerca de la relación causal que existe entre su esfuerzo y el resultado que logran en una tarea. Las atribuciones causales son importantes porque determinan nuestras expectativas, que son el origen y la fuerza de la motivación.
Hacer atribuciones de forma automática es arriesgado porque nos lleva a cometer errores. Si queremos tener un espíritu más científico debemos observar a los individuos en diversas circunstancias.
Heider considera que las acciones humanas están causadas por dos clases de fuerzas productoras de una acción: personales (internas) y ambientales (externas), que pueden ser estables o inestables.
 
Causas percibidas de la conducta
INTERNAS
EXTERNAS
ESTABLES
Capacidad
Dificultad de la tarea
INESTABLES
Esfuerzo
Suerte
 
Las fuerzas personales son:
  • La capacidad. Hace referencia a las habilidades físicas y psíquicas exigidas para realizar la acción. Puede estar afectada por diversos factores: aprendizajes previos, actitudes y creencias sobre su habilidad para realizar la tarea, factores personales variables (fatiga, ánimo), sugerencias y opiniones de otras personas o por la autoestima personal.
  • La motivación. Está compuesta de dos elementos: la intención, que es el componente direccional de la motivación, y el esfuerzo, el componente cuantitativo de la motivación, es decir, el grado en que la persona intenta, por ejemplo, realizar la conducta de estudiar.
Las fuerzas ambientales pueden ser:
  • Estables: son duraderas en el tiempo y se mantienen constantes, por ejemplo, la dificultad de la tarea, que es constante hasta que se termina la acción.
  • Inestables: son transitorias, como la suerte (fluctuaciones incontrolables del ambiente), que afecta a los resultados de la acción. La suerte puede cambiar el equilibrio entre la capacidad y la dificultad de la tarea.
La conjunción entre la capacidad y la dificultad de la tarea determina si la acción se puede o no llevar a cabo.
Realizar una acción, como se observa en el siguiente esquema, depende de cuatro variables: capacidad, dificultad de la tarea, motivación y suerte.
Otro investigador, Weiner, reformuló años después la teoría de Heider sobre la atribución aplicada al ámbito académico, añadiendo dos dimensiones más: que las causas sean controlables o incontrolables. Elaboró la clasificación de la tabla siguiente, de la que podemos extraer las conclusiones siguientes:
  • La controlabilidad es la dimensión más importante. A mayor control sobre los procesos de aprendizaje, mayores son las expectativas y la motivación para esforzarse.
  • Las causas internas y controlables del fracaso provocan humillación y vergüenza, y las causas externas producen enfado y rebeldía.
  • Si percibimos la causa del fracaso como estable e incontrolable, existirá menor esperanza de solucionar el problema y menos motivación para realizar cualquier tarea.
 
Causas percibidas de la conducta escolar
INTERNAS
EXTERNAS
ESTABLES
INESTABLES
ESTABLES
INESTABLES
CONTROLABLE
Esfuerzo normal
Esfuerzo extra
Tendencia del profesor
Ayuda inesperada
INCONTROLABLE
Capacidad
Humor
Dificultad de la tarea
Suerte
 

Las causas más frecuentes del fracaso escolar son la falta de esfuerzo (causa interna, estable y controlable) y de estrategias de aprendizaje. Sin embargo, muchos estudiantes atribuyen el fracaso a factores que están fuera de su control (falta de capacidad, dificultad de la tarea, etc.), es decir, no se ven como agentes causales, sino como marionetas o peones movidos por fuerzas externas.